Yo también acuso

Hoy quiero honrar a un buen amigo que dejó este mundo en oscuras circunstancias por acusar y hacer públicos los más oscuros crímenes de los hombres más deshonestos y ruines: Émile Zola. Es innegable que en todas las grandes naciones existe la corrupción. Me parece digno, pues, que nosotros, que vivimos nuestra propia guerra social y política, honremos a aquellos que dan su vida y su honor por defender la libertad.

Es por ello que en su memoria, yo también acuso, acuso como él hizo a todo el Ministerio de Guerra francés que dejó que un hombre inocente, Alfred Dreyfus, cumpliera condena durante años. Se le acusó de un espionaje que no cometió. Se necesitaba un cabeza de turco. Y cuando realmente apareció el espía, Walsin Esterházy, la alta cúpula del Estado Mayor mintió y falsificó pruebas para no tener que reconocer su error. La sociedad francesa aún sufre la consternación de tanta infamia. Solo Émile Zola tuvo valor para acusar a todos aquellos que mancharon el nombre de Francia, y por ello fue perseguido.

La corrupción y la censura son los más innobles pecados, y nosotros bien lo sabemos pues sufrimos los envites de la ignorancia más conservadora que pretende hundirnos en la oscuridad. Mi propia novela, Diana cazadora, también fue víctima de esto, mi temor a la censura impidió que publicase antes mi obra. Por todo ello, ¡yo también acuso a todos aquellos esbirros de la retrocracia, a todos aquellos que buscan cortar la lengua y las alas de la libertad!

Clímaco Soto Borda

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