Capítulo 4

Diana era la reina de la fiesta. Tenía un traje alquilado, de color amarillo, como hecho con la bandera de la viruela, zapatos blancos, copete de plumas, una nebulosa de piedras falsas, de brillo melancólico como las estrellas al mediodía, y era la única que ostentaba guantes, guantes de hombre.

Al entrar Fernando le tiró todas las flechas de su aljaba y el niño cayó a sus pies con el corazón atravesado. Bandadas de pelafustanes lo asediaban al bailar con ella pidiéndole una Palomita y pasándose de mano en mano a Diana jadeante, sudorosa como un gañán, inflada como una vejiga de manteca.

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