Capítulo 5

Subía la luz y se calmaba un poco; cerraba los ojos y el desfile comenzaba otra vez. Jaurías de usureros lo despedazaban, llevándose en las garras sus últimas riquezas: el oro de sus cabellos y los zafiros de sus ojos.

Ellos acumulan sobre sus cabezas todos los horrores de la desgracia humana; ellos purgan las iniquidades de sus hermanos; ellos no conocen la esperanza; y sin recibir de Dios ni el beneficio de la muerte, los unos la aguardan resignados y los otros la buscan, la persiguen y la obligan, por fin, a que los devuelva a la tierra, a la tierra misericordiosa y bienhechora que amasará sus cuerpos con los cuerpos de los ricos y de los grandes.

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