2015 es el año de Clímaco Soto Borda

2015 es el año de Clímaco Soto Borda: se cumple el centenario de la primera publicación de Diana cazadora en Colombia y se realiza su primera edición en España (Libros de la Ballena). Pero la celebración no debe concentrarse solamente en el rescate de una obra tan representativa de la literatura latinoamericana, sino en el mensaje que el autor postuló en estas páginas. Soto Borda fue reconocido por su incansable crítica hacia una sociedad hipócrita, ciega hacia el bien común y codiciosa de sus propios intereses.

La primera lectura nos hace sonreír: se trata de joyas, estruendosas bacanales, teatro, recorridos por la capital, la incansable búsqueda de la falsa nobleza, ridículas escenas e ilógicas reflexiones de personajes sórdidos, decadentes y perdidos. Pero cuando nos adentramos en ella, descubrimos que la novela es una reflexión sobre el papel de cada uno en su sociedad.

En esta historia, Diana será la batuta de la destrucción de un inocente amor, pero son todos los que la rodean los que pudieron y no salvaron a Fernando Acosta. Doña Celestina, los políticos, la policía, el usurero, los viajeros del tranvía, los asistentes a las fiestas… todos tienen por lo menos una oportunidad de levantar al tísico enamorado, pero no, es más grande el ímpetu de poseer a la presa (el dinero, el estatus social, la impunidad…). Así, Clímaco plantea en la historia de la fallida adoración de Fernando que lo único que pudre a la sociedad son sus propios habitantes, y que aquellos que no defienden el bien, propician su declive:

La misma Diana… ¿Qué podría hacerse con ella? ¡Nada! Para adentro puede ser una infame, pero para el mundo resulta un cazador como otro cualquiera.

Las páginas de Diana cazadora son atemporales: una sociedad corrupta y desinteresada por su prójimo no es otra cosa que una voraz cazadora. Al final, ¿somos todos iguales, somos como Diana, como el político que con poder cumple todos sus caprichos o como el vecino que va al entierro para hacerse notar y no para dar el pésame, somos como Pelusa o como Velarde, leales amigos hasta el final, o como el imparable Alejandro Acosta que entrega todo por su hermano? Definitivamente, cuando uno lee esta novela, toma partido.

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