Diana, la devoradora de hombres

«Soñaba con Fernando, lo deseaba, lo quería tener cerca para humillarlo, para verlo de rodillas, aunque tuviera que botarlo enseguida».

Desde siempre la imagen de la mujer se ha visto como enigmática y cautivadora; posee un aire de misterio que atrapa. Existen diversos tipos de mujeres, las hay con apariencia angelical, asociadas con femme fatale 1una cabellera rubia que recuerda a los ángeles, con cabellos rojos, pasionales y evocadores de lo demoníaco y aquellas con cabellera oscura y espesa que hacen pensar en la imagen preconcebida que se tiene de la femme fatale: larga cabellera, piel pálida que resalta el rojo de sus labios, la voluptuosidad de sus pechos y sus ojos enigmáticos; características comunes en la gran mayoría de estas mujeres «perversas» que utilizan su cuerpo como armas para atraer a los hombres como las sirenas que hipnotizaban a los marineros para luego matarlos. La imagen de femme fatale ha estado representada por una mujer atractiva y seductora, que transpira una sexualidad agresiva y que representa una figura destructiva pero al mismo tiempo fascinante que embelesa a los hombres. Diana pertenece a esa categoría. Una mujer que posee cierta belleza misteriosa que atrae y seduce por la maldad que desprende y que trae la desgracia a los hombres. Es una mujer que destruye el estereotipo de la mujer como víctima, que mediante sus acciones toma el control de la situación y ataca utilizando su femme fatale 4arma más poderosa, su cuerpo, para sobrevivir e intentar sobresalir en un mundo de mentiras, perversiones y excesos. Diana ve en las curvas de su figura la manera de ver un futuro próspero y lleno de lujos. Ella sabe que la belleza no es eterna y que debe aprovechar cada instante para lograr sus objetivos a expensas del sexo débil, el hombre. Diana es la creadora, protagonista y causante de la desgracia en la novela. Mujer irresistible, inteligente, cruel, ambiciosa, caprichosa, con un aire de poder y ambición que conduce a los hombres al desastre y los sumerge en una agonía con la que ella disfruta y se satisface. Diana, mangeuse d´hommes.

«(…) ahora no se le antojaba soportar que se lo arrebataran sin arrancarle la última de sus ilusiones, sin ser la causa de su postrer dolor y la dueña de su último real».

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